Esto sale a colación por algo que me pasó recientemente. Después de cantar en misa de primera comunión, el sacerdote se me acercó y me felicitó por la música, pero me dijo que no había cantado bien la canción de comunión “Jesús amigo”. Creo que me puse verde, amarilla, azul y morada después del comentario! Pues es que según yo estaba bien!
En fin, acepté la opinión y le pregunté entonces con toda humildad si el disponía de la partitura original de la canción para que yo pudiera superar mi error, a lo que él me respondió que no, pero que eso no importaba porque él la conocía y difería en algunos acordes de lo que yo toqué. Se veía tan seguro. Además me dijo que no tenía tiempo porque si no, hasta la checabamos ahí mismo. :S Me retiré desconcertada porque había recibido una lanzada directo al corazón… ¿acaso estaba yo cometiendo un error sin saberlo? ¿Cantaba llena de emoción en la comunión sin sospechar siquiera que estaba haciendo el ridículo? No… esto no podía quedarse así.
Y no se quedó así. He investigado por todos los medios posibles y aunque no he encontrado una partitura, he escuchado y visto audios y videos en cantidad suficiente para comparar lo que canto a lo que cantan en varias partes de latinoamérica. El resultado de mi investigación: canto lo mismo, en un ritmo similar, con la melodía idéntica, salvo por un ajuste de tono. La médula es la misma. No he encontrado ninguna versión que apoye lo que me dijo aquél sacerdote, pero no cancela totalmente su existencia. Desgraciadamente una fuente tan fidedigna como una partitura no existe. Así que lo tomo como un empate, no incurro en ningún error porque no se puede demostrar lo contrario. Basta por el momento.
Bien, pues de esto sale un consejo para todos nosotros. INVESTIGACION ES COMPROBACION.
Suele suceder que escuchamos por ahí a algun hermano cantar algo hermoso y lo aprendamos a su estilo. Pero… ¿nos hemos tomado el trabajo de investigar por ahí la letra y la melodía? ¿Aprendemos de las partituras o de lo que ha cantado la comunidad porque así lo cantaba doña chonita, la viejita que no se movía del templo? ¿Verificamos si esta bien lo que escuchamos?
Puede pasar que este hermano ficticio le haya cambiado el ritmo al canto, lo haya hecho más lento o más rápido, que le haya puesto voces hasta olvidarse de la primera voz, cambiado los instrumentos porque no sabía tocar guitarra y tiene solo un teclado, etc… Si no sabemos esto, si no investigamos, caemos entonces en el pecado de ignorancia permitida, nos estamos permitiendo tocar y cantar en la iglesia sin conocer lo que estamos cantando. Y lo peor de este pecado no acaba ahí. Todos los que nos escuchen cantar erróneamente aprenderán la canción erróneamente y no como debe ser… le robamos a la obra musical su belleza original y el círculo vicioso continuará hasta que la música litúrgica sea una tonada caricaturesca y malhecha en la poca memoria de quienes no hemos tenido la intención de investigar, de invertir un poco de tiempo para aprender las canciones lo mejor posible.
Sí. Estamos hablando del fin. Aunque suene dramático. Si eres como yo y te preocupa verdaderamente la música litúrgica, leer esto te ha dado miedo. A mí también. Por eso, elevo una oración a Dios todopoderoso, nos permita ser humildes y responsables, comprometidos con el ministerio de la música y el canto, para prepararnos y hacer el apostolado con todo el amor que Dios se merece. Amén.