¿Profesionales? ¡No! Humildes.

Ayer asistí a una celebración por la noche, la misma había sido publicada en el periódico con bombo y platillo, y además el anuncio en el periódico incluía el nombre del coro vocal que cantaría y además el nombre de quien tocaría el violín. Muchos nombres, ya ven, por lo que por los nombres me dejé llevar. Al llegar, saludé al sacerdote que oficiaría, y le comenté mi admiración y expectación por escuchar al coro que le acompañaría en la celebración, a lo que él comentó contento que se trataba de “profesionales”, dicho ésto con la cara de confianza.

Bien, para no hacer largo el cuento, el coro ejecutó medianamente bien la música coral clásica, no supo como comenzar el kirie, por lo que el sacerdote lo oró, entraron tarde en el ofertorio y ya no les cuento más porque prefiero olvidarlo. No me hicieron sentir nada, no llegué a la contemplación y debo decir que mi concepto de música litúrgica comprende precisamente que el canto y la música nos conduzcan a través de la oración cantada a un estado de paz y meditación que hagan favorable y fecunda nuestra alma para recibir la Palabra de Dios y su Cuerpo y su Sangre en la Eucaristía. Un coro no es concierto, es pieza fundamental para todo el conjunto de servidores litúrgicos.

El “profesionalismo” de quienes formaron el coro de ayer, les impidió darse cuenta de una cosa, pequeñita pero indispensable en todo servidor en la Iglesia: la humildad. Aguas hermanos, que nunca les falte la humildad en el servicio, por más experimentados que sean y por más años en el apostolado que tengan hay virtudes que no pueden faltar, como la humildad. Si ayer el coro que cantó se hubiera preocupado de saludar al sacerdote y le hubieran preguntado detalles de la celebración, todo hubiera salido bien. Lo malo fue que al sentirse profesionales, los coristas llegaron al templo, entraron un minuto antes del sacerdote a sus lugares y con la desorganización nada sale bien.

Todo es para bien de los hombres que aman al Señor, aprendimos algo de la experiencia: por más años de servicio, por más que sepamos hermanos, más humildes hemos de ser, preguntemos, presentémonos, sirvamos con solicitud y eficiencia. Seamos fieles servidores y no “profesionales” estorbos.

1 comentario

  1. Sergio Miranda said,

    mayo 31, 2010 a 5:29 am

    Antes que nada, agradezco de corazón por este increíble trabajo. Creo que lo expresado más arriba contiene la escencia para alabar y glorificar a Dios, pues de lo contrario, lo estaríamos haciendo simplemente a nosotros mismos. Por más de 20 años me ha tocado la gracia de dedicar mis limitados dones no sólo a ese propósito, sino también a tocar el alma de mucha gente. Sentir la presencia del espíritu divino en la mirada y en las lágrimas de las personas es, sin lugar a dudas, la mejor recompensa a todas esas horas dedicadas a la creación, recopilación, diversificación y horas y horas de ensayos. Otra vez, gracias, de todo corazón.


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